La reencarnación podría ser un medio, para aprender lo que no se puede aprender en una vida, para superar lo que no hemos alcanzado, para reparar lo que hemos roto, o quizás, para un acercamiento progresivo, a la fuente de la Vida.
     La motivación de este ensayo, es la desazón que me provoca, la idea de la  “condenación  eterna“, es decir, de la privación de lo Bueno, de lo Justo, de lo Bello, la privación de Dios, eternamente.
     Está claro que en los Evangelios, se menciona repetidamente, al infierno, pero también hay algunas afirmaciones, que hacen pensar en la posibilidad de la reencarnación,  que bien podrían ser, posibilidades de escapar de él, mediante el sufrimiento (aprendizaje) oportuno.

     ¿Y si mediante la reencarnación, el hombre pudiera ir prosperando hasta alcanzar un nivel de perfeccionamiento tal, que pudiera escuchar la Voz del Pastor?

     El mensaje que yo he recibido de la Iglesia Católica, a propósito de Jesucristo, ha sido estupendo, maravilloso, me ha enseñado multitud de ideas, que se concretizan en la vida cotidiana, y ha alimentado la esperanza cierta del Amor de Dios, hacia los hombres, y concretamente hacia mí, pero hay un aspecto que no llego a comprender, y es el de la condenación eterna.

 

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